El Extraño Mundo de M. |
Jesús Mesas Silva es guionista y director (o eso cree), vive en Madrid (eso piensa) y aún sueña con Langoliers (de eso sí está seguro). |

El viernes fui a ver la muy recomendable “La mujer de negro”, de James Watkins, y volví a recordar por qué me gusta tanto el cine de terror. Durante toda la película, la gente saltaba en la butaca, gritaba, se reía y aplaudía.
El cine de horror funciona como experiencia colectiva, catarsis emocional, pesadilla grupal. Pero ahora bien: ¿Por qué cojones nos gusta pasar miedo? En este enlace se nos proporciona una buena respuesta a ello.
Desde que era un niño, me ha obsesionado el fantaterror, las películas de Amando de Ossorio, Todd Browning, Fred Dekker, Wes Craven, John Carpenter, pero hoy más que nunca estoy ansioso por tirarme a la yugular de un par de proyectos: una webserie con monstruo y posesiones, y la adaptación al largo de un relato de horror clásico. Sea como sea, la meta es la misma: asustar al espectador y hacer que grite, salte, se ría y aplauda… El cine comenzó siendo una barraca de feria y nunca jamás tuvo que dejar de serlo.
Seguiremos informando.
M.

El hombre está necesitado de historias. La imaginación, la evocación, la posibilidad de entrar y conocer otras vidas, otras tierras, a través de un relato articulado que llamamos narración es tan indispensable como el mismo acto de respirar. Desde el comienzo de los tiempos en que nuestros antepasados se sentaban alrededor de hogueras o pintaban dibujos rupestres en el interior de las cavernas, esta necesidad perentoria de narrar se ha ido abriendo paso. Los encargados de hacerlo antes eran los ancianos o chamanes de la tribu, luego sacerdotes, cuentacuentos, juglares, dramaturgos, escritores, cineastas… Y todos ellos, a lo largo de los años, generación tras generación, han respondido a esta sed de historias y conocimiento que albergan en su interior todos los seres humanos.
Sin embargo, antes de Aristóteles y su Poética, antes de que existieran tratados y libros que sistematizaran la estructura de un relato, de manera instintiva se sabía que una buena historia era un acto comunicativo en que un emisor A transmitía una información a un receptor B, que podía ser individual o colectivo. No es baladí aplicar el concepto “acto comunicativo” a la narración de una historia porque, a día de hoy, muchos autores lo han olvidado. Para que un acto comunicativo sea limpio y llegue al receptor, el mensaje debe ser comprensible y sobre todo interesante para este último.
La estructura clásica en tres actos que sistematizó Aristóteles no es más que una manera de gestionar el conflicto dramático, o dicho de otro modo más simplista, de atrapar al oyente/lector/espectador durante todo el tiempo que ocupa la narración que estamos presentándole. De este modo, el buen narrador debería saber utilizar siempre la estructura dramatúrgica para hacer plantear a su público ávido de sensaciones una sola pregunta: “¿Qué cojones pasará a continuación?”.

Para ejemplificar cómo un buen narrador capta nuestra atención, voy a recurrir a un ejemplo literario que no se corresponde con la estructura aristotélica en tres actos pero casi. El autor es Stephen King y el objeto de análisis “Un buen matrimonio” de su libro de relatos “Todo oscuro, sin estrellas”. La pericia de King como narrador es indiscutible y su obra extensa, aunque irregular, juega su principal baza en la adicción que causan sus páginas, en ese ansía por “saber qué pasará a continuación”.
“Un buen matrimonio” es, y perdón por la perogrullada, la historia de un típico matrimonio americano, feliz a pesar de todo. Durante las primeras páginas del relato se nos plantea con tino (y bastante gracia) la vida en pareja de los Anderson, una pareja casada con dos hijos ya adultos, trabajos estables, sexo más o menos continuado y veinticinco años de matrimonio a las espaldas. A través de las rutinas de ambos y desde el punto de vista de la esposa, Darcy, Stephen King dibuja a la perfección y con escasas pinceladas las personalidades atractivas de esta pareja de Maine, cerca de Castle Rock.
Sin embargo, un buen narrador debe ir sembrando desde el comienzo la semilla del conflicto. Por eso, ya en su primera página, la narradora (Darcy) dice que creía conocer a su marido a la perfección “hasta aquella noche en el garaje”. Este apunte que precede a toda la historia de la pareja, a la semblanza de las manías y vida en común de los Anderson, sirve como llamada de atención al espectador para que, desde el primer párrafo, éste no pueda soltar el relato con el fin contestar a esa sola pregunta: “Qué pasó aquella noche en el garaje”. Esta técnica narrativa basada en el misterio en que el oyente/lector/espectador va siempre por detrás de los acontecimientos puede ser tosca y facilona pero aquí está esbozada de manera elegante. Porque todavía no manejamos la información necesaria para saber “qué pasó aquella noche en el garaje” pero la perspectiva de conflicto que todo oyente/lector/espectador tiene cuando afronta una obra y la imaginación individual de cada uno (que en ocasiones es más perversa que la del propio autor) hace que entremos en el juego de Stephen King y sigamos leyendo. Una sola frase nos ha enganchado. Pero no podríamos llamarlo detonante.
Sigue el relato. Pasamos de la semblanza de la vida de los Anderson al presente, una tarde cualquiera en que Darcy se encuentra sola en casa porque su marido Bob está fuera, en viaje de negocios. Tras agotársele las pilas del mando a distancia, Darcy se dirige al garaje a buscar unas nuevas. Se nos cuenta que Bob es un tipo maniático del orden, limpio, perfeccionista. Al llegar al cajón donde se encuentran los cachivaches, Darcy tropieza con una caja. Nunca la había visto. La caja está llena de catálogos comerciales. Darcy, extrañada, comienza a rebuscar en la misma. Al fondo encuentra una revista pornográfica que muestra una chica completamente desnuda maniatada y amordaza con una capucha de cuero que grita de terror ante un hombre que parece a punto de asesinarla con un cuchillo. La inclusión de un elemento extraño en un entorno familiar aumenta el misterio. La historia nos está enganchando. Ya sabemos qué pasó en el garaje. ¿O no?
Darcy ojea la portada y contraportada de la revista, “Zorritas esclavas”, y pasada la sorpresa, intenta justificar racionalmente la presencia de esa aterradora revista en el garaje, por qué su marido Bob, el feliz contable Bob, guardaría algo tan repulsivo. Y Darcy comienza a darse respuestas. Leyó en el Cosmopolitan que los hombres casados tienen necesidad de abrir vías de investigación sexuales y ésta pudo ser una fantasía pasajera y nunca confesada de su esposo. Sin embargo, algo llama la atención en la revista y por ende en el lector. La revista no tiene indicación del precio, ni de la editorial, no vienen datos del impresor. Ahora que lo piensa, los gestos de terror de la chica son demasiado reales. Tú, lector, quieres saber más. Si esto fuera una película, éste sería un maravilloso detonante.
Sin embargo, Stephen King es un narrador certero y sabe que la tensión no puede decaer. Por eso Darcy, que empieza a sentirse mal por husmear en las pertenencias de su marido, guarda la revista y empuja la caja al fondo de la mesa en que estaba guardada y, al hacerlo, escucha un “clonc” metálico. Darcy se dispone a ver a qué se debe ese extraño sonido pero… En ese momento, suena el teléfono.
La dosificación de la información, del misterio, las migajas que ofrecemos al espectador para que nos siga en el relato deben distribuirse de manera apropiada para que el discurso narrativo tenga también su ritmo, sus pausas dramáticas. Stephen King sabe cómo jugar con nosotros. Porque además el autor está apelando a la imaginación de los lectores al utilizar ese sonido aislado e indefinido, ese “clonc” metálico, para que cada uno de nosotros recree visualmente su procedencia. “El monstruo que más miedo da es el que no se ve”… Este tipo es bueno.
Así, tras unas páginas de diálogo telefónico con uno de los hijos del matrimonio (en que el conflicto está asegurado porque ya contamos con una información precedente que nos mantiene en tensión), Darcy vuelve al garaje. Quiere saber qué produjo ese “clonc”. Para ello, retira la caja que contiene los catálogos comerciales y la revista “Zorritas esclavas”, y encuentra tras ella un hueco. Un escondite en el garaje de su marido. Un escondite tras un zócalo. ¿Quieres saber qué guarda dentro? Stephen King es un hijo de perra.
Darcy, tras armarse de valor, introduce la mano en la oscuridad del escondite y encuentra en el hueco otra caja, esta vez más pequeñita y evidentemente cerrada. Postergar el suspense puede ser bueno pero es también un arma de relojería que puede estallar en las manos del narrador. Stephen King no dilata demasiado el momento en que Darcy abre la caja y descubre su contenido: Tres tarjetas de plástico sujetas por una goma. Son carnets (uno de la biblioteca, otro de donantes de sangre y un permiso de conducir). Los tres pertenecen a la misma persona, Marjorie Duvall. Darcy, aterrada, observa la fotografía del permiso de conducir y reconoce en ella a la chica treintañera cuyo rostro llenó las portadas de periódicos e informativos hace unos días. Stephen King no nos dice por qué esta chica pasó a ser noticia pero nosotros lo intuimos. Darcy, que está al borde de un ataque de nervios, se dice a sí misma: “Mi marido no puede ser Beady”. ¿Quién es Beady? ¿Quién es Marjorie Duvall? Aquí tenéis un punto de giro. Puntazo de giro. Queremos seguir leyendo. Se suscita a través de Darcy la cuestión principal que nos atará al libro durante todo el relato: ¿Es Bob Anderson, el marido feliz, el asesino de una joven?
No os seguiré desvelando detalles acerca del relato, pero valga esta muestra como un ejemplo sencillo de dosificación de la información, de cómo un narrador es consciente de su labor y logra atraer el interés de su público desde el primer vistazo. Porque la ficción es un acto comunicativo en que jamás debemos olvidar que nos dirigimos a unos determinados espectadores. Que el primer mandamiento de toda esta industria ya lo dijo Billy Wilder: “No aburrirás jamás”.
M.
Las 100 Películas De Terror Que Ya Deberías Haber Visto (O No)
10/100
“Shock” (1977, Mario Bava)
Sinopsis:
Marco es un niño de unos seis años que vive con su madre Dora y el nuevo novio de ésta, Bruno, ya que su padre había fallecido años atrás supuestamente por la droga a la que era adicto. Convencido de que la culpable de la muerte de su padre es su madre,no cesará hasta volverla loca, ayudado por una fuerza sobrenatural que es el espíritu de su padre. Vía Abandomoviez.
Comentario:
Mario Bava, artesano del horror, alcanzó en “Shock” su cénit narrativo al lograr articular una ghost-story clásica, edípica (y con claras referencias psicoanalíticas) que reúne en su metraje todas las características visuales y estructurales del mejor cine giallo: uso de planos subjetivos, largos travellings, traumas ocultos que finalmente afloran a la superficie y la apuesta por la inclusión en la puesta en escena de objetos que simbolizan estados oníricos (en el caso de “Shock” la maldita mano).
Lo mejor: El niño poseído por el fantasma de su padre que busca venganza contra la madre, por no mencionar alivio sexual. Esta bizarrada, sin dudarlo, es la mejor baza de una peli que ya deberías haber visto… O no.
Las 100 Películas De Terror Que Ya Deberías Haber Visto (O No)
9/100
“Demons” (1985, Lamberto Bava)
Sinopsis:
“Multitud de personas acuden a ver una película por medio de invitaciones. Pronto descubriran que las terribles cosas que ocurren en la película comenzarán a ocurrir en la propia sala de cine…”. Vía Abandomoviez.
Comentario:
Posesiones demoníacas en un cine de mala muerte. Espadazos. Látex. Una motocicleta entre butacas. Su guión enloquecido y su sentido del ritmo nos otorgan un completo festival de risas y sangre, marca genuina del cine de terror ochentero realizado en Estados Unidos y que Lamberto Bava asume en esta maravillosa película de horror italiana que algunos teóricos más inteligentes que yo consideran giallo tardío.
El debe de la peli: la dirección endeble por momentos y el abandono de los personajes, que no dejan de ser un cliché… Aunque bien pensado, a quién cojones le importa eso si hay demonios, espadazos, látex y una moto entre butacas.
Para disfrutar entre birras. Y amigos. Testoterona a tutiplén en este survival casi paródico que uno debe haber visto ya (o no).
M.
Las 100 Películas De Terror Que Ya Deberías Haber Visto (O No)
8/100
“The Poughkeepsie Tapes” (2006, John Erik Dowdle)
Sinopsis: Cuando las cientos de cintas de vídeo que muestran torturas, asesinatos y desmembraciones son halladas en una casa abandonada, revelan el reinado durante una larga década de un brutal asesino en serie, y se convierte en la mayor colección de evidencias para los detectives de homicidios jamás vista.
Con forma de falso documental, “The Poughkeepsie Tapes” es una de las joyas del último cine de terror.
Psicológicamente infecta, moralmente dañina, esta obra maestra articula su discurso a través de un principio básico del género de horror en particular y del medio cinematográfico en general: “El monstruo que más miedo es el que no se ve”. Prodigiosa ópera prima de John Erik Dowdle.
Las 100 Películas De Terror Que Ya Deberías Haber Visto (O No) 7/100 “La niebla” (2008, Frank Darabont) Tras una violenta tormenta, una extraña niebla cae sobre el supermercado en que el dibujante David Drayton se encuentra con su hijo Billy haciendo unas compras. Sin embargo, pronto descubren que esa niebla no es normal, que algo horrible se esconde tras su manto. El cine de terror, por su marcado afán comercial y su supuesta liviandad intelectual, ha sido utilizado por la industria hollywoodiense como una factoría de ideas que entre machetazos, mordiscos y desmembramientos, intenta transmitir una serie de mensajes más o menos subliminales que supongan la perpetuación de un modelo económico y social. Ya pueden respirar… …Y mientras lo hacen, resumiré el insufrible párrafo anterior hablando en plata. El cine de terror es utilizado por la industria yanqui para transmitir claros mensajes ideológicos a una audiencia desprevenida porque precisamente nadie espera que haya un mensaje en este tipo de pelis. Pero ahora piensen en “Las Colinas Tienen Ojos” de Alexandre Aja y su ardor bélico, en la clara advertencia ultraconservadora de la mayor parte de los slashers. Frank Darabont, director de “La Milla Verde”, “Cadena Perpetua” y “The Majestic”, es un genio. Tomando como material de base una majestuosa novela corta de Stephen King, Darabont creó una parábola social que hablaba de algo más que de un grupo de supervivientes que luchan contra una amenaza desconocida que se esconde tras una misteriosa niebla. Su película hablaba del miedo. Del miedo de un país a un enemigo externo que ellos mismos han creado y va más allá. Dice que este miedo puede llegar a destruirnos. En el DVD de “La Niebla”, Darabont menciona la película “El Bosque” de M. Night Shyamalan. Si recuerdan, en la obra del director hindú se hacía una defensa encarnizada de la política del miedo como medio de conservación de un modo de vida y unos valores típicamente americanos. Podríamos decir que “La Niebla” es una contestación intelectual a la obra (magna) del director hindú. Post Data Personal (y que a nadie interesa un carajo): Cuando leí el libro de King era un preadolescente que soñaba con dirigir algún día. Hice notas al margen del libro para mi anhelada adaptación cinematográfico. Ya pasé con creces el cuarto de siglo y el hecho de dirigir un largometraje se me presenta como algo tan improbables como los seres que se esconden tras la niebla. Porca miseria.
Las 100 Películas De Terror Que Ya Deberías Haber Visto (O No) 6/100 “Cumpleaños Sangriento” (1981, Ed Hunt) Arriesgada, cruel, sádica. Tres niños nacidos bajo el influjo de un eclipse crecen y se convierten en pequeños psicópatas con poderes telepáticos. Dice uno de los maestros del género, Sam Raimi, que el cine de terror es tan adictivo para los realizadores porque sus películas te permiten transgredir ciertos límites y convenciones sociales que otro tipo de obras no se atreverían jamás a tocar. “Cumpleaños Sangriento” es una peli de serie B que pretende ir más allá de todo prejuicio moral con la historia de terror que nos está contando. Los crímenes que nos muestra, toscamente rodados pero muy brutos e imaginativos, son perpetrados por inocentes criaturas de diez años en un festín de sangre que sitúa la cinta del desconocido Ed Hunt en un puesto de honor de esa subcategoría del horror que podríamos denominar “de niños cabrones” (disculpen la jerga técnica). Porque aunque se haya convertido ya en un tópico manido del género, el pavor que provoca la mirada inocente de un niño, y más si va armado con un cuchillo de carnicero, siempre es un recurso efectivo para hacer que los sufridos espectadores se retuerzan de pavor. Casi todos los relatos de terror que se precien cuentan con un epílogo abierto que tiene una función comercial (dejar abierta la trama para recoger en posibles secuelas) y narrativo (incidir en la idea recurrente de la perpetuación del mal). Piensen en “Carrie”, “Halloween” o “Viernes 13”. El final de “Cumpleaños Sangriento” es un muy buen ejemplo de ello.
Las 100 Películas De Terror Que Ya Deberías Haber Visto (O No)
5/100
“Jóvenes Ocultos” (1987, Joel Schumacher)
Probablemente la mejor película juvenil de los ochenta. A través del vampirismo utilizado como metáfora de la drogadicción, “Jóvenes Ocultos” habla de una generación de adolescentes perdida y marcada a fuego por la inmadurez e insensatez de unos padres sin valores.
Un guión perfecto y un reparto carismático encabezado por Robert Patrick, Kiefer Sutherlan y los Corey (Feldman y Haim), hacen que el visionado de la película sea imprescindible al lograr algo que pocos consiguen en este género: ir más allá de la sangre y la casquería. Joel Schumacher, el hombre que le puso tetas al traje de Batman diez años después, rueda sin duda su mejor película. La secuencia del bautismo de sangre de uno de los protagonistas es antológica (no se pierdan el fundido de planos, ESE FUNDIDO, porque parte del significado de la peli radica ahí).
Soy un fanático.
Las 100 Películas De Terror Que Ya Deberías Haber Visto (O No)
4/100
“El regreso de los muertos vivientes” (1985, Dan O´Bannon)
Dan O´ Bannon es un nombre fundamental para entender la comedia de horror ochentera. Guionista de películas como ”Dark Star”, “Alien” o “Desafío Total”, Dan O´ Bannon dirigió en 1985 “El regreso de los muertos vivientes”, época en que George A. Romero, padre del zombi moderno, veía cómo la fórmula fílmica que ideó en los ochenta se iba agotando poco a poco.
La película, icono generacional, supone una mezcla explosiva de hormonas, sangre y comedia adolescente disparatada. Su giro final con reflexión sociopolítica incluida es una grata sorpresa y logra darle un cierto empaque a la obra. No obstante, “El regreso de los muertos vivientes” no deja de ser un entretenimiento de calidad (de mucha calidad) con una banda sonora de excepción y un par de secuencias verdaderamente memorables.
Qué más se puede pedir.
Cien Películas De Terror Que Ya Deberías Haber Visto (O No)
3/100
“En la boca del miedo” (1994, John Carpenter)
“En la boca del miedo” narra la historia de un popular escritor (Sam Neill) que se ve envuelto en una pesadilla que parece brotar de sus propios libros.
Inspirado de forma lejana en los libros de Stephen King, la película de John Carpenter es sobre todo un homenaje a la obra e imaginería visual de Howard Philip Lovecraft (de hecho, esta adaptación bastarda está considerada, por méritos propios, como el acercamiento más acertado al complejo mundo mitológico del escritor norteamericano).
En cuanto al director, John Carpenter es un cineasta fundamental para entender los últimos treinta años del género. En términos más técnicos y de alta enjundia dramatúrgica, podría decirse que Carpenter es el PUTO AMO.